Actividad de frado 6
El Gran
Rompecabezas del Capitán Crema y la Sopa Viajera
Había una vez, hace
muchísimo tiempo, un capitán muy valiente llamado Capitán Crema. Él no
navegaba en un mar de agua azul, sino en algo mucho más extraño y caliente.
El Capitán Crema vivía
justo debajo de nuestros pies, en un lugar llamado el Manto Superior.
Este lugar no era sólido como una roca, ni líquido como el agua; era como una
sopa de tomate muy, muy espesa y viscosa.
En el fondo de esta
"sopa", el Núcleo de la Tierra funcionaba como una estufa
gigante a máxima potencia. Esta estufa calentaba la sopa del Capitán Crema.
Como todos sabemos, cuando la sopa se calienta, sube. Así que el Capitán Crema
flotaba hacia arriba en una corriente caliente. Pero al llegar cerca de la
superficie, la sopa se enfriaba un poco y, ¡puf!, volvía a bajar. A este viaje
redondo, el Capitán Crema lo llamaba Corrientes de Convección. Era como
un tiovivo eterno que nunca se detenía.
Pero el Capitán Crema no
estaba solo. Justo encima de él, flotando sobre su sopa espesa, había unas
galletas gigantescas, planas y crujientes. Estas galletas se llamaban Placas
Tectónicas y todas juntas formaban la cáscara del planeta, un súper
rompecabezas llamado la Litosfera.
Había siete galletas
grandes y muchas pequeñas. Al principio, todas las galletas estaban pegadas
formando una súper galleta llamada Pangea. Pero las corrientes de
convección del Capitán Crema eran persistentes. Con el paso de millones de
años, el movimiento de la sopa empezó a empujar las galletas, y estas empezaron
a moverse... ¡muy, muy lento! Tan lento como te crecen las uñas.
Y aquí es donde la historia
se pone interesante, porque cuando estas galletas gigantes se mueven, pasan
cosas increíbles en la superficie.
Primero, ocurrió "El
Divorcio" (o Límite Divergente). En algunos lugares, la sopa del
Capitán Crema empujaba dos galletas en direcciones opuestas. Al separarse,
quedaba un hueco. De ese hueco salía sopa caliente (magma) que, al enfriarse
con el agua del mar, se convertía en galleta nueva. ¡Estaba naciendo suelo
marino! Así se formaron grandes cordilleras bajo el mar, llamadas Dorsales
Oceanicas, y los océanos se hacían más anchos.
Pero si las galletas se
separan por un lado, ¡tienen que chocar por otro! Y así llegó "El
Choque" (o Límite Convergente). Aquí, dos galletas gigantes se
encontraban de frente. ¡PUM! Pero en cámara muy lenta.
A veces, una galleta
marinera (oceánica) chocaba con una galleta playera (continental). La marinera,
como era más pesada y delgada, se metía debajo de la playera en un
proceso llamado Subducción, volviendo a la sopa caliente del Capitán Crema.
¡Esto rascaba tanto la panza de la galleta playera que creaba volcanes gigantes
en la costa y profundas fosas en el mar!
Otras veces, chocaban dos
galletas playeras. Ninguna quería ceder, así que empezaban a arrugarse y
empujarse hacia arriba, formando montañas gigantescas, ¡como el Himalaya! Este
choque era tan fuerte que la Tierra temblaba con furia, provocando grandes
terremotos.
Finalmente, había lugares
donde las galletas no se separaban ni chocaban de frente, sino que les gustaba "El
Roce" (o Límite Transformante). Se deslizaban de lado, una contra la
otra, como dos personas tratando de pasar por un pasillo estrecho. Pero las
galletas son rugosas. Se quedaban atascadas, acumulando tensión y energía...
¡mucha energía! Hasta que, de repente, ¡ZAS! Se soltaban de golpe. Esa
liberación súbita de energía viajaba por la Tierra causando terremotos
frecuentes y creando grietas en el suelo llamadas Fallas Geológicas.
Así, el Capitán Crema y sus
corrientes de convección siguen moviendo su sopa, empujando las galletas
gigantes de la Litosfera. Por eso, nuestro planeta está siempre vivo, cambiando
de forma, creando montañas, volcanes y valles, recordándonos que, aunque
parezca quieto, el suelo que pisamos es un rompecabezas en constante
movimiento.
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